Concurso 2026, categoría B, 2º premio, Anabella Di MAGGIO GONZÁLEZ: Pasos a no seguir: atención médica nº 2
Categoría B- Segundo premio
Anabella Di MAGGIO GONZÁLEZ (4º ESO-Grupo A)
Pasos a no seguir: atención médica nº 2
Imagínense que tienen sus extremidades sanas. Todos estamos sanos por defecto. Ahora, imagínense que, por romper un vaso o por tropezarse y caer con mala suerte, se hacen un corte. Aquella herida habrá sido permitida por nada más que ustedes, pues no se han cuidado, eso está claro. Dependiendo de qué tan profundo haya sido el corte o de qué tan culpables se sienten, cabe la posibilidad de que lo curen acudiendo a alguien, o de que dejen el corte sin curar.
Bueno, ¿y por qué no querrían curar la herida? Verán, algunas personas temerán ser reñidas por su descuido, otras se convencerán de que el corte es demasiado pequeño, de que no necesitan socorro, y otras tal vez ni siquiera se han dado cuenta de que se han hecho daños.
Imagínense que, por decisión propia, han decidido no curar su herida. Nadie se ha enterado. Pasan los días, y el pequeño rote sigue ahí. Escuece, pero es mejor no decírselo a nadie. Si ha sido un vaso roto, los regañarán, del mismo modo si han estado en un lugar que no debían y se han tropezado, ha sido culpa suya y ahora tienen que encargarse de ello, sin más.
Pasan los días, ahora escuece mucho más, puede que hasta eviten usar esa extremidad, pues si los ven dolidos al moverse, les harán preguntas que no querrán responder.
Pasan los días, la herida ahora tiene pus, y un color desagradable. Mover la extremidad duele demasiado. Se han hecho responsables ahora de algo que podrían haber evitado inicialmente, pero ya es muy tarde para mirar atrás. En menos de lo que pensaban, se les necrosará tal extremidad, y se estremecerán del dolor. La culpa no ha cedido, se ha duplicado: si antes los pudiesen regañar por ser descuidados, ahora aún más. Empezarán a replantearse si pedir ayuda, pero el miedo será ya muy grande.
¿Qué hacen? Hay dos opciones. Pueden esperar tranquilamente hasta que la necrosis sea tan severa que se esparza por todo su cuerpo, o pueden pedir ayuda amablemente. Evidentemente escogeremos la primera.
Espera, ¡no! ¿Qué hacen?
Llegados a este punto, la lógica se habrá desvanecido completamente, y, aunque su cabeza insista en lo inofensivo de querer ser ayudados, pensarán en las atroces y exageradas consecuencias que se han imaginado. Pero no pueden esperar: el dolor es demasiado, y esperar otro día significaría arriesgarse a perder tal extremidad por completo. Se congelarán de la incertidumbre, y aguantarán hasta que sea físicamente imposible. En ese momento, finalmente pedirán ayuda.
Tal y como esperaban, se les recibirá la noticia con manos llevadas a la boca, arcadas, disgusto de quienes consideraban más cercanos, decepción… Nada de eso importará, sólo se concentrarán en qué deben hacer ahora. Se ha acabado, ¿no es así?
No, lo siento. Habrán reunido el coraje de consultar a otros lo que deberán hacer, pero ahora les sigue tocando asumir las consecuencias. Esa herida no les importará a más que a ustedes mismos. Podrán seguir las pautas que han solicitado o podrán ignorarlas por completo.
Imagínense que usan la razón por una vez: imagínense que realmente deciden sanar su herida paso a paso. Aquello serán días y días. Les parecerán interminables las citas con el médico y el rodar de ojos de sus familiares, pero todo será por culpa de ustedes. Habrá días en los que se salten alguna revisión, o que vuelvan a descuidarse, pero no valdrá la pena preocuparse por ello, pues ya habrán decidido curarse.
Luego de arduos meses, o años, ¡felicidades! Les habrá quedado la salud débil de por vida.
No es mi intención desanimarlos, realmente tendrán que lidiar con ello por un largo tiempo. Y, aun así, estoy seguro de que se aliviarán de tener su extremidad sana, de no tener que ocultar nada, y de estar atentos a su cuerpo.
Entonces, ¿por qué no mejor se ahorran esto y piden ayuda siendo sinceros desde el inicio?
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